VERA (Almería): David de Miranda y Víctor Hernández Rivalidad de albero
- A. Muñoz

- hace 3 días
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Actualizado: hace 23 horas

David de Miranda y Víctor Hernández se han batido en nuevo duelo: en Vera (Almería), con Olga Casado como dama y firmante de la contienda —a quien brindaré artículo alguno por ser merecedora de extensa crónica.
Abrió faena Miranda con «Riguroso», del hierro de Julio de la Puerta. Un astado bravo, difícil, descentrado; entregado de pitón derecho pero sabiendo llevarlo. Lances insípidos pero lustre en la muleta con destacado circular invertido y una estocada hasta la empuñadura. Muerte inmediata y oreja.
Turno de Víctor Hernández con un segundo también «Riguroso» —redundancia de nombres—, excelso en bravura y fácil en la suerte al que supo sacarle casta con unas estáticas gaoneras y su buen hacer. Al quite, Miranda, con lances estáticos y réplica de gaoneras —acrecenta la emulación e intencionalidad de mejora en el duelo por sendas partes—. Nuevo turno para Hernández en últimos lances e inmutable con la muleta aunque teniendo que citar por abajo para no ser arrollado. Leve cogida al natural aunque volteado. Eludió sacar al toro de querencia y pinchó con la espada. Certero después a la segunda y laureado con oreja.
El cuarto, segundo de Miranda, «Petronero», supo mejor en lances que el primero. Quietud en gaoneras y remate con revolera invertida. Muleta fina, templada, molinetes y un natural que iba bien por la derecha, incluso supo exhibir un extenso redondo aunque con fuerte cogida con pezuña inscrita en la cara, sin mayor trascendencia. Mata de segundas y le conceden dos orejas.
El quinto de la tarde y segundo de Hernández, «Cantador», sedujo a todos. Sublimidad y magnificencia, bravura, casta. Aunque un inicio de lances deficientes... el diestro supo reponer la integridad y torería. Verticalidad en la muleta ante un astado que perdía los cuartos traseros en cada embiste por potencia y rápido viraje, humillación continua y largos pases sin perder la cara en momento alguno. Excelente astado incluso después de diez minutos de faena, con embestidas citándolo desde lejos sin déficit de facultades. Como recompensa... indulto y prima de orejas y rabo.
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