MONT-DE-MARSAN: Victorino pone un gris punto final a la Madeleine y Román deja lo mejor
- German Jimenez Andreu

- hace 1 hora
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La Feria de la Madeleine de Mont-de-Marsan cerró este domingo con una decepcionante corrida de Victorino Martín, cinqueña en su totalidad, que apenas ofreció argumentos para el lucimiento. Ni uno solo de los toreros dio la vuelta al ruedo y el festejo transitó por demasiados pasajes de tedio. Tampoco estuvieron acertados los espadas con los aceros: Morenito de Aranda, Román y Juan de Castilla acumularon nada menos que quince pinchazos. Román, que saludó la única ovación de la tarde, dejó los momentos de mayor calidad gracias a su excelente concepto del temple. Con lleno en los tendidos. Antes del paseíllo se guardó un minuto de aplausos dedicado a quienes luchan contra los incendios.
El primer toro fue devuelto por inválido, por lo que se corrió turno y ocupó su lugar el que estaba reseñado como cuarto. Morenito de Aranda lo recibió a la verónica ante un animal que se revolvía con prontitud y que después mostró bravura en el caballo. En la muleta, ya en los medios, el de Victorino se dejó y humilló mucho. Morenito firmó una buena actuación, especialmente sobre la mano izquierda, por donde surgieron naturales de calidad, aunque a la faena le faltó algo más de ligazón para alcanzar mayor vuelo. Todo quedó definitivamente diluido con la espada: cinco pinchazos y un descabello. Silencio tras aviso.
Román se encontró con un segundo que también mostró bravura en el caballo. Comenzó doblándose con él y, aunque el toro tardeaba, consiguió cuajar dos series en redondo de notable temple, llevando la embestida muy despacio y barriendo literalmente la arena con la muleta. Hubo también algún natural ejecutado casi al ralentí. El valenciano volvió a demostrar su extraordinario concepto del temple, dejando los pasajes de mayor entidad artística del festejo. Pinchó antes de dejar una estocada entera. Saludos.
Juan de Castilla, que había intervenido en un quite por gaoneras al segundo, recibió a un tercero cuya embestida resultó algo rebrincada. Inició por bajo su labor muleteril, pero se encontró con un toro áspero y que nunca terminó de emplearse. El colombiano no consiguió elevar el tono de una faena con muletazos carentes de continuidad y escasa expresión. Además, volvió a aparecer el desacierto con la espada: cinco pinchazos y media estocada. Silencio tras aviso.
En cuarto lugar salió el sobrero de José Cruz para Morenito de Aranda. Fue un toro de alegre salida, cuya lidia siguió atentamente el matador durante el tercio de banderillas. Morenito comenzó doblándose y encontró después un animal que embistió con fijeza y metiendo bien la cara. El burgalés estuvo voluntarioso, aunque sin conseguir que la faena alcanzara cotas mayores. Cuando el toro ya estaba prácticamente parado, buscó el epílogo con circulares invertidos. Dos pinchazos y media estocada. Silencio tras aviso.
El quinto cumplió en varas, pero posteriormente resultó un toro insulso y de escaso contenido. Por el pitón derecho ofreció inicialmente alguna posibilidad y Román consiguió hilvanar dos series aceptables. El valenciano puso voluntad y ganas, tratando de extraer algo más de un animal que aportó muy poco a la faena. Esta vez sí estuvo certero con la espada, dejando una buena estocada. Silencio.
Tampoco el sexto consiguió cambiar el pobre tono ganadero de la corrida. El de Victorino escarbó, blandeó y se revolvió con peligro, buscando en ocasiones el cuerpo del torero. Juan de Castilla se mantuvo delante, pero las dificultades y la escasa entrega del animal imposibilitaron cualquier construcción artística. Dos pinchazos y una estocada entera delantera pusieron punto final a su actuación. Silencio.
Terminó así la Feria de la Madeleine con una corrida de Victorino Martín muy por debajo de las expectativas. Román dejó lo más estimable gracias a su temple; Morenito de Aranda aprovechó algunos momentos del primero bis, y Juan de Castilla apenas pudo encontrar opciones. A la escasa historia del ganado se sumó el desacierto general con los aceros: quince pinchazos entre los tres espadas pusieron cifras a un cierre de feria que tuvo mucho más de gris que de épico.
GALERÍA FOTOGRÁFICA DE PHILIPPE GIL MIR



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