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GRANADA: Puerta Grande para El Fandi y Pablo Aguado en una tarde apoteósica


Granada se emocionó y vibró desde el primer capotazo de Morante hasta la apoteósica Puerta Grande de El Fandi y Pablo Aguado. Tres horas que pasaron en un suspiro gracias a la entrega e inspiración de los toreros, demostrando que el toreo está más vivo que nunca. Las más de 12,000 personas que llenaron la Monumental de Frascuelo salieron felices, abrazándose. Nadie esperaba la apoteosis vivida en el tercio de banderillas de El Fandi cuando Morante pidió poner un par, y Aguado respondió que el suyo también quedaba ahí. Improvisación desatada en una corrida de Álvaro Núñez, de bonitas hechuras, que mostró bravura en la muleta.



Morante le formó un alboroto al primero de la tarde. Da igual cuando leas esto. Amenazó el de Álvaro Núñez con tener poquito fuelle en el capote, pero se vino arriba en el caballo, donde apretó a pesar del puyazo caído. El de La Puebla le consintió en el inicio, a su altura, antes de llevárselo a los medios donde el toro desarrolló todas sus virtudes: prontitud, humillación, recorrido y clase. Ahí comenzó el deleite de una faena de gran sabor. La última tanda, donde ligó un pase por alto con un circular inconmensurable, fue soberbia por apretada y por una expresión fuera de toda norma. Y también lo mató en el hoyo de las agujas. La presidenta puso cara la tarde, desatendiendo la petición de la segunda oreja.

Granada es tuya”, gritó un paisano a El Fandi. Y lo es, en realidad, porque da hasta el último gramo de su esencia en la Monumental de Frascuelo. David Fandila recibió al segundo con dos largas de rodillas, para continuar con un variado inicio capotero. Continuó con un quite por zapopinas y un tercio de banderillas marca de la casa: la moviola, otro por los adentros, y terminó con dos pares de banderillas, uno al violín y otro de poder a poder en los medios, que apretó tela. En la muleta también se entregó con un comienzo de rodillas en los medios, pero al toro le faltó duración. Lo vio el granadino que terminó con un final de fuegos de artificio que puso al tendido de sol en pie. La estocada lo tumbó sin puntilla. Otra vez la presidenta no concedió el segundo trofeo pero… esta vez no sabía con quién se había metido… la bronca se oyó por la calle Doctor Oloriz.

Salió suelto el tercero de los capotes y del caballo, donde apenas quiso pelea. Entre las muchas virtudes de la ganadería de Álvaro Núñez es el extraordinario fondo de bravura y, como sucedió con el primero, rompió a embestir cuando Pablo Aguado se solo con él en los medios. Los mejores compases llegaron sobre el pitón izquierdo, donde el sevillano toreó con cadencia y temple. Si bien es cierto que el toro se venía por dentro, sobre todo en el final de las tandas, Aguado extrajo su esencia a través de bellísimos remates por alto rodilla en tierra o en unos personales molinetes con los que remató la faena. La espada cayó un punto baja y también fue premiado con una oreja.

No importó que el cuarto acusase la querencia en tablas, y saliese suelto. En ese ir y venir, Morante le formó un lío. Desde las dos largas a una mano que ligó con varias chicuelinas, hasta el torero inicio de muleta sentado en el estribo. La faena, que brindó a Antonio Sanz, terminó donde el toro quiso, entre los tendidos 8 y 9 pegadito a tablas, donde le enjaretó una tanda de naturales convenciendo, más que exigiendo. Después lo acompañó toreramente en su huida. Esta vez pinchó arriba, antes de dejar media en buen sitio. Palmas tras aviso.

El quinto, de mayor alzada y hondura, salió como un obús del chiqueros y derribó de forma espectacular al picador. El Fandi siguió a lo suyo, con largas cambiadas en el tercio, chicuelinas, gaoneras, tafalleras. La sorpresa llegó cuando Morante llamó al granadino cuando ya había salido a brindar el primer par al público: una sonrisa cómplice auguraba algo grande. Así salió, sin avisar, el sevillano con un par de banderillas. Solo quedó un palo arriba y tuvo que echarse de cabeza al callejón pero así son las cosas de las cosas. Y hubo más. Pablo Aguado salió del burladero para poner el tercer par de dentro afuera, a lo que Fandi replicó con un soberbio violín. Después jugaron al toro como aquellas imágenes en blanco y negro de los hermanos Bienvenida. La plaza era una caldera cuando Fandi se echó de rodillas en los medios. El toro pedía venirse de largo, pero, después de una faena larga y gran exigencia en todos los tercios, se rajó antes de tiempo. El granadino formó un ‘tangai’ entre el delirio de su parroquia. Además, lo mató por arriba. Le pidieron el rabo, pero eso fue lo de menos. Dos orejas.

Aguado completó una tarde para el recuerdo asegurando la Puerta Grande en el sexto que, aunque más parado, también tuvo cualidades sobre todo por el pitón derecho. El sevillano firmó una faena muy para él mismo, ensimismado, encajado, toreando desde arriba, desde el mentón, hundido en el pecho y encajado en los riñones. Los trincherazos fueron de cartel y el cierre a dos manos, de gran torería. Aguado es feliz delante del toro. Despenó al toro de media que fue suficiente y cortó una oreja entre la felicidad del respetable.

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